Estaba oscuro
y yo estaba acabada, hasta que besaste mis labios y
me salvaste. Mis manos eran fuertes pero mis rodillas eran demasiado
débiles, como para quedarme en tus brazos sin caer a tus pies. Pero hay
una parte de ti que nunca conocí, todas las
cosas que dijiste nunca fueron verdad y los
juegos que jugaste siempre los ganaste. A veces me despierto porque oigo
la puerta, y oigo que me llamas debe ser porque todavía
estoy esperándote incluso cuando lo nuestro ya ha acabado no puedo evitar
buscarte.
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